sábado, julio 31, 2010

Apología de Tertuliano



QUINTO SEPTIMIO FLORENTE TERTULIANO,
PRESBÍTERO DE CARTAGO.
Escrita en Roma, año doscientos de Cristo, nuestro Señor, contra los gentiles en defensa de los cristianos

DIRIGIDA AL SENADO.


CAPITULO VI. ---- CUANTO HAN DEGENERADO LOS ROMANOS DE LA ANTIGUA PIEDAD Y DE LAS LEVES DE SUS MAYORES.

Ahora querría yo que me respondan los religiosísimos observadores de las leyes, los protectores de los institutos paternos, los celosísimos defensores de las antiguas costumbres, de la fidelidad, de la honra, de la obediencia que tienen las leyes de sus mayores: Si ignoran, si tuercen, si borran algo de los idóneos y necesarios preceptos que disponían las leyes para instruir las costumbres, ¿adonde fueron aquellas leyes (53) que moderaban los gastos y la ambición? ¿Qué se hizo la que mandaba que en los banquetes de las fiestas no se firmase más gasto que cien cuartos para la cena (54), y que no se diese más que una gallina, y ésta sin lardo? ¿Dónde está la que excluía del Senado al patricio que tenía más que diez libras de plata (55), con nota de desvanecido y ambicioso? ¿Aquellas que mandaban |161 derribar los teatros de las comedias (56), en que se violan las costumbres? ¿Aquella que castigaba á los que sin legítimo derecho usurpaban las insignias que gradúan la dignidad y califican la nobleza (57)? Ahora veo se han de llamar las cenas centenarias, gastándose en ellas cien veintenarios de ducados. Veo que apenas bastan las minas para vajilla de plata (menos fuera para los senadores), para servicio, digo, de los truhanes y de los libertinos que aún están sujetos al azote. Veo teatros duplicados, que no basta uno para cada juego, ni uno para todo el año, sino unos para verano y otros para invierno, y para que no se enfríe la lujuria en las comedias, los entapizáis á ellos y os abrigáis vosotros con ropas de marta que inventaron los lacedemonios.

Veo ya que entre matronas nobles y rameras públicas no hay ninguna diferencia en los trajes (58). También cayeron aquellas enseñanzas de los mayores que componían la templanza y apadrinaban la modestia de las mujeres. No conocía el oro sino los dedos de las casadas que recibían el anillo el día del desposorio (59) en prendas de la fe que se promete al marido. La abstinencia de vino era tan general para todas, que porque una abrió en una bodega la despensa la mataron de hambre sus parientes, y Mecenio hizo pedazos á su mujer en tiempo de Rómulo por haber gustado el vino, y nadie le culpó el hecho. Por esto el saludar con ósculo los parientes á las mujeres no era cortesía ó |162 benevolencia, sino legal necesidad para examinar con el aliento la templanza. ¿Dónde está aquella prosperidad de matrimonios tan felices por las costumbres, que casi en seiscientos años de la fundación de Roma no se escribió en ella un repudio (60)? Ahora no hay miembro tan flaco en las mujeres que para llevar la carga del oro no sea esforzado y valiente. Ahora no pueden los parientes saludarlas; que el vaho del vino los aturde. Ya el repudio se busca como fruto del matrimonio: el deseo del casado no es el hijo, sino la división: hallóse ya que el camino para hacer divorcio sin culpa, es hacer culpa para divorciarse.

¿Acaso estas palabras no valdrían en los labios de un predicador para estos tiempos modernos? Sin duda la corrupción del hombre no respeta épocas. Lo mismo es hace dos mil años que hoy, sólo progresa en maldad.

2 comentarios:

esperanza dijo...

Amén. Que Dios le fortalezca y le bendiga mucho.

Más Cortante dijo...

Amen, muchas gracias. Cierto es que todos nosotros que estamos en este camino de justicia necesitamos la fortaleza de Dios. El Señor nos ayude y nos sostenga.
Dios le bendiga.