miércoles, mayo 26, 2010

La porción más dulce


Lucas 10:38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Marta recibió a Jesús en su casa. Cuando recibimos a Jesús en nuestra casa, su presencia llena todo. Marta se esmera en dar un buen servicio a Cristo, se afana con quehaceres tratando de agradar a Jesús. Sin embargo esto la agota, se siente responsable, su servicio desinteresado comienza a volverse una carga pesada. Su hermana, María, sentada a los pies de Jesús, en una posición que indica sumisión a alguien mayor. Las palabras de Jesús llenan su corazón, tanto que no existe para ella nada más importante que estar oyendo a su Maestro. En sus palabras le parece hallar vida eterna, aguas que satisfacen su sed.
Pero Marta necesita ayuda, pues sus labores se vuelven más pesadas, y viene la queja: “Yo trabajo, yo sirvo,” (diakoneo, labores domésticas, servicio, en sentido figurado, ministración, servicio espiritual), en cambio ella, ahí está sentada sin trabajar.
No puede dejar de darme vueltas en la cabeza cómo las voces se hacen cada vez más fuertes: hay que salir de las cuatro paredes, qué hacen ahí adentro. Dios no nos llamó a encerrarnos, nos llamó para que predicáramos su evangelio a toda criatura, el mundo muere sin Cristo, y nosotros entretenidos al interior de nuestros templos”, a todos ellos les diría como Jesús: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria.”
Otra discusión toma color hoy en día ¿Cuál es la parte más importante de un servicio? Al unísono la gran mayoría decimos: La predicación, el mensaje, sermón o como le llamemos. Pero muchos hoy que creen ser revolucionarios dicen: “No, lo principal es la adoración. En el templo antiguo se iba a adorar, se presentan ofrendas, se enciende incienso. Vamos a adorar. Por lo tanto, dediquemos más tiempo a la adoración y reduzcamos el mensaje.” El problema aquí es que el concepto de adoración moderno es muy distinto al concepto de adoración en las Escrituras. Veamos algunos versículos: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmos 27:4. Pero Dios es invisible, ¿cómo contemplaremos su hermosura? Bueno, debemos tener en cuenta que aquí la palabra contemplar es la palabra hebrea chazah, que significa mirar fijamente en; mentalmente percibir, reflexionar (con placer); expresamente tener una visión de. No le vemos, pero podemos percibirle mentalmente, podemos reflexionar en Él con placer, podemos tener una visión de Él. ¿Cómo? Dios no se ve pero Él se nos ha revelado. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera REVELAR. Lucas 10:22: Él se nos revela, se nos da a conocer a través de Jesucristo: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del CONOCIMIENTO de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Corintios 4:6
Salmos 119:8 dice : Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley. Muchas veces los salmistas adoraron y cantaron alabando a Dios por sus justos juicios, sus mandamientos más deseables que el oro. Adorando a Dios por sus palabras, deseándole con todo su corazón, anhelando escuchar sus palabras. ¿No será acaso que los salmistas bíblicos entendían que no había lugar de adoración más íntimo, que estar en silencio oyendo la voz del Maestro? Todo aquel que tiene el Espíritu de Dios, tiene un conocimiento que otro no tiene. Si andamos en el Espíritu tendremos esta percepción fina, de saber que no hay lugar de adoración más maravillosa que oír sus Palabras con la misma ansiedad con que un ciervo bebe las aguas frescas de un manantial después de haberlas buscado por largo tiempo. Este conocimiento espiritual, lo tuvo María, y no Marta. Así como la iglesia de Éfeso, que imbuida en sus loables labores espirituales, siendo una iglesia de doctrina sana, con un discernimiento agudo, había dejado su primer amor (Ap. 2:4), la persona más importante de sus vidas: Cristo.
María sentada a los pies de Cristo, con ansiedad de ser llenada por las palabras de Dios, de ser enseñada, ser instruida, de recibir esa visión del Padre que está en Cristo. Él da a conocer al Padre a quienes él se quiere revelar. ¿Tienes tú esas mismas ansias de sentarte en un lugar de tu casa, sólo tú y Dios, inquiriendo en su hermosura, viendo la belleza de Dios revelada en sus palabras de vida eterna? ¿O eres de los que sólo dejan eso para oír las palabras de Dios dichas por alguien más, distrayendo tu mirada, mirando el reloj, ansiando que “el tiempo tan tedioso” de la predicación termine? “Salgamos afuera, no hay tiempo que perder, no entierres tu talento”. Tienen razón, pero ¿Qué harás si primero no has estado en la intimidad con el Maestro, recibiendo de su mano tu alimento para dar al pobre y desamparado? Jesús estableció a los doce, y me llama la atención que los llamó para que estuviesen con Él, y para enviarlos a predicar. Marcos 3:14.

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