jueves, mayo 13, 2010

DIOS ES LA FUENTE




Qué insensatez tenerlo todo y despreciarlo. Bueno, somos insensatos muchas veces, teniendo a Dios, fuente de vida eterna y de todo don inefable, de todo don precioso, invariable e imperecedero, apartamos nuestro corazón de Él. Se nubla la mente del cristiano y comenzamos a inventar a Dios dentro de nuestra imaginación, un dios moldeable, que se acomode a nuestra situación. Nos convertimos en artífices de ídolos. Dejamos a la Fuente de Agua Viva y comenzamos a cavar cisternas que por sus imperfecciones, grietas, el agua se pierde.
El cristiano está llamado a someterse a Dios (Santiago 4:7), a ser moldeado por Él (Jer. 18:16) Pero muchas veces el hombre es sorprendido moldeando a Dios conforme a su gusto y arbitrio, cual artífice de imágenes (Jer. 10:3-5).
Juan Calvino en su libro Institución de la Religión Cristiana, capítulo 2, dice: “Un alma temerosa de dios no se imagina un tal Dios, sino que pone sus ojos solamente en Aquel que es único y verdadero Dios; después, no se lo figura cual se le antoja, sino que se contenta con tenerlo como Él se le ha manifestado, y con grandísima diligencia se guarda de salir temerariamente de la Voluntad de Dios, vagando de un lado para otro”.
Debemos reconocer que de antiguo, en medio de la iglesia, muchos se han dedicado a hacerse dioses a su antojo, y esto es más común y casero de lo imaginable. No sólo en grandes institutos teológicos invadidos por la filosofía y la psicología, religiones orientales o cualquier perversión de moda, sino que en nuestras propias casas. De pronto, el corazón se endurece, la verdadera palabra de Dios molesta, el oído se embota, los ojos se nublan, y en la soledad de sus pensamientos, comienza a modelar un dios que le acomode, un dios a la medida, no tan exigente, un dios que no juzga, un dios que perdona automáticamente, con una facilidad increíble, sin que sea necesario siquiera el arrepentimiento, un dios que no ve, que no oye, que no puede extender su mano… así son los dioses que hacen los hombres, pero no es así el Dios Único y Verdadero, el Dios que se nos revela a través de las Escrituras, y que se nos ha manifestado completamente en la persona de Jesucristo. Nosotros podemos decir: yo sirvo a Dios, yo amo a Dios… la pregunta es ¿cuál Dios?. En Éxodo se nos relata cuando el pueblo hace para sí dioses a quienes adorar. Finalmente Aarón funde las joyas y aparece el becerro de oro a quien llaman “Jehová”, pero no era Jehová, sino la figura que les calmaba. Necesitaban algún calmante para sus conciencias, algo que les hiciera parecer que estaban sirviendo a Dios, aunque en su interior sabían que eso no era cierto, que en realidad estaban haciendo lo que querían y que no estaban sirviendo a otro que a Satanás. Cualquier creencia, religión, denominación lo que sea, que no tenga como centro a Dios mismo en la vida del creyente, no pasa de ser una cisterna rota que no retiene el agua… así se va la vida eterna enfrente de sus narices, como agua. La salvación pasa frente a sus ojos sin que puedan echar mano de ella, porque han hecho para sí pozos imperfectos, agrietados, que no pueden contenerla.
Grave cosa hace el que se imagina un tal dios, como dice Calvino, porque al hacerlo, rechaza al Verdadero. Y rechazando al Único y Verdadero Dios, rechaza también todo beneficio que mana de Él (Deut. 33:29, Salmos 25:14, Salmos 32: 1-2 , Salmos 34:7, 9, Salmos 85:9, 91, Ro. 8:28).

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