viernes, febrero 05, 2010

CANTADLE CANTICO NUEVO; HACEDLO BIEN, TAÑENDO CON JÚBILO. 2º Parte


¿Se necesitan mas músicos?
El más formidable instrumento musical creado para la alabanza de Dios, es el ser humano. El Creador lo ha confeccionado con cuerdas vocales, con una caja acústica, con alma y espíritu.
Para el hombre es tan natural el cantar, que, prácticamente, a cualquier hora que sintonicemos una radioemisora escucharemos canciones interpretadas por variados cantantes y los que escuchan estas melodías las entonan espontáneamente.
Grandes recitales ofrecidos por famosos músicos o cantantes atraen a miles y a cientos de miles a estos eventos, y los asistentes buscan interpretar junto a sus artistas preferidos aquellas canciones que son de su agrado. El mundo vive entre canciones mundanas.
Fuimos hechos para cantar, para elevar alabanzas a Dios, como dice el poeta:

“Yo he nacido para alabar al Cordero,
Yo he nacido para alabar al Cordero
Yo he nacido para alabar al Cordero
Aquí y en la eternidad”
(Coro tradicional de nuestra iglesia)

Ahora bien, si somos instrumentos musicales, es indudable que todo instrumento necesita de alguien que lo toque, un músico que le saque sonido.
¿Quién lo está tocando a usted? ¿La vanidad, la vanagloria (soberbia), sentimientos carnales y sensuales?
Se cuenta la siguiente anécdota: “En cierta ciudad norteamericana se estaba realizando una subasta en la que figuraban una gran variedad de objetos. Entre ellos había un viejo violín que el martillero pensaba que no valía la pena ofrecer; pero de todos modos lo levantó y, sacudiéndole el polvo, anunció con una sonrisa: ¿Cuánto me ofrecen por este violín?
Una voz respondió: un dólar.
¿Un dólar?, preguntó el martillero; y agregó: ¿alguien ofrece dos? Luego de un rato se escuchó una voz: yo doy dos dólares; y finalmente, un tercero ofreció tres.
Era evidente, no había interés por el viejo violín.
El martillero estaba en el acto de levantar el martillo para adjudicar el violín en tres dólares, cuando divisó a un anciano de canas que venía avanzando hacia él, y se detuvo. El martillo no descendió.
En cambio, el anciano pidió permiso para tocar el viejo instrumento, permiso que le fue otorgado.
Toda la concurrencia observó mientras el anciano le ajustaba las cuerdas, las afinaba y colocaba el violín en la posición correcta para tocarlo. Y luego, tomando el arco, el viejo violinista comenzó a tocar la más maravillosa melodía que oídos humanos jamás hubiesen escuchado. Con singular maestría continuó tocando mientras su audiencia retenía el aliento, extasiada. Les parecía que estaban escuchando un coro celestial, y algunos conmovidos no pudieron contener las lágrimas.
Luego que hubo terminado, colocó el viejo violín en manos del martillero, y éste con voz suave y casi reverente, dijo: Señores, ¿Cuánto me dan por este viejo violín? Para admiración de todos se escuchó una voz que dijo: ¡Mil dólares!; otro postor se adelanta y repica: ¡Dos mil dólares!, y finalmente un tercero se lo adjudicó en Tres mil dólares.
¿Cómo pudo el violín cambiar de valor tan fenomenalmente y en tan poco tiempo? “Fue el toque del Maestro”
Tú, yo y todos los creyentes somos los instrumentos, ¡deja que el Maestro te toque!; no necesitamos más músicos, el Espíritu Santo de Dios es el músico de los músicos, solamente prestémonos en sus manos para alabar a Dios, y los que nos escuchen se conmoverán en su espíritu (Hechos 16:25: Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían”)
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Juan 4:23-24)
Para entonar “alabanzas espirituales” se requiere de un instrumento y un “músico espiritual”, sea usted el instrumento y el músico sea JESUS.

“Nunca los hombres cantarán
Nunca los ángeles de luz
Más dulce nota entonarán
Que el nombre de Jesús”
(“La tierna voz” Nº 42 /coro en nuestro himnario)

¡Aleluya la sangre del Cordero!, aún en estos momentos que escribo estas palabras siento las manos del Maestro tañer las cuerdas de mi alma.

“Hubo uno que quiso por mi padecer,
Y morir por mi alma salvar;
El camino más cruel a la cruz recorrer
Para así mis pecados lavar”
(“Hubo Uno” Nº 279 /1 en nuestro himnario)

En este tiempo, muchos son tocados por la moda, otros por su propia sensualidad. También están aquéllos que son tocados por la vanidad y la vanagloria (soberbia); todos estos no ofrecen ninguna música para el oído de Dios, son incapaces de vibrar con notas de gratitud y alabanzas al Creador, se enorgullecen de “conmover” a multitudes, se dicen “carísmáticos”.
Sólo quieren cantar donde puedan ser escuchados y adulados por sus habilidades musicales, no les gusta el anonimato de la multitud, sin embargo, los que aman a Dios anhelan estar en Apocalipsis 19:5-6 “Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!”

“Juan vio el número de los salvados,
De los salvados, por el Señor.
Estaban todos de ropas blancas,
Y en ese número, y en ese número,
Estaba yo, Amén”
(Coro tradicional de nuestra iglesia)

El solo pensar que un día formaré parte de aquel coro celestial incontable que vio Juan; “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:9-10); en cada servicio espiritual abro mi boca para alabar a Dios, sabiendo que el siempre me escuchará, y a pesar de mis limitaciones como músico y cantante, lo hago, porque el es digno de todo honor y de toda alabanza. Y ruego, siempre, ser un instrumento en las manos del Espíritu Santo.

¿Se necesitan líderes de alabanzas?
¿Qué es un ministro de alabanzas?
Cada uno de los redimidos por la sangre de nuestro Salvador Jesucristo, es constituido, por el Espíritu Santo, como ministro de alabanza, como lo declara en el primer libro de Crónicas capítulo 16 verso 4: “Y puso delante del arca de Jehová ministros de los levitas, para que recordasen y confesasen y loasen a Jehová Dios de Israel:”; y en nuestro corazón, constantemente, deben elevarse conciertos de adoración al que vive para siempre.

“A ti, Señor, deseo mi canto aderezar;
Sobre mi tosca lira, Elevo mi cantar
Del polvo levantado, Por tu poder me vi,
Por eso, Dios eterno, mi voz levanto a ti.
(“La diestra del Excelso” Nº 55 /3 en nuestro himnario)

Ciertamente, en nuestras congregaciones tenemos “Jefes o Directores de coro”, preparados para el efecto (1ª Crónicas 15:22), que efectúan servicios de ensayo y repaso de himnos con el propósito de perfeccionar a un grupo de hermanos en la interpretación de las alabanzas en nuestros cultos, y enseñar nuevos himnos; además, dirigen los cánticos en nuestras reuniones o servicios espirituales.
También se encargan de enseñar a tocar a los niños y a aquéllos adultos que lo deseen, pero cada uno de nosotros es encargado de ministrar alabanzas en el altar de Dios, a saber, nuestro corazón.
¿O contrataremos buenos cantores para que lleven nuestros sacrificios de alabanzas a Dios? No, cada redimido ofrecerá a Dios.
Quienes hablan de “líderes de adoración”, casi siempre están asociados a la industria de la música. Para ellos la música es un buen negocio y son los cantantes que ellos patrocinan a los que les atribuyen las cualidades de “líder de adoración”. Incluso en algunas comunidades cristianas “contratan” un líder de adoración, el que tiene por objetivo guiar (¿?) la adoración de la congregación al Padre.
Cuando decimos “líderes de alabanza”, nos referimos a aquellas personas a las cuales se les atribuye, o se atribuyen, alguna condición personal para “guiar” nuestra alabanza hacia Dios, y no entienden que es el Espíritu Santo el que lleva nuestra alabanza al Altísimo.
La adoración nace de lo profundo de un corazón redimido por la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo, y no por motivaciones externas (volumen, luces, escenografías), y Dios que escudriña los corazones sabe cuales son las alabanzas que llegan hasta su presencia. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colocenses 3:16)

¿Necesitaremos más canciones?
Tenemos en nuestra misión, “Iglesia Unida Metodista Pentecostal”, un himnario con más de 450 alabanzas, cuyos himnos, creemos, han sido compuestos por la inspiración del Espíritu Santo; porque sepa usted que la única manera de componer himnos espirituales es a través de la inspiración divina.
De estas 450 alabanzas, ¿Cuántas se saben en su congregación? ¿Serán himnos obsoletos, pasados de moda? ¿Habrá que modernizarse y adaptarse a los cambios del mundo? ¿Pasará de moda la inspiración divina? ¿O, como a los jóvenes no les agradan, los cambiaremos por melodías y ritmos modernos?
Algunos dicen que la música moderna (pop) y otros ritmos (Rock) son una nueva herramienta de Dios otorgada a la Iglesia, ya que se han convertido en uno de los mayores vehículos para el evangelismo y el discipulado, aún declaran, que la interpretación de este tipo de música debe constituir el “plato principal” de la adoración (¿?).
Vemos el extravío al cual ha sido arrastrada nuestra sociedad, la decadencia en todos los planos es notoria, ¿cómo puede la moda del mundo ser la herramienta para la Iglesia? ¿No será que la Iglesia esta aceptando esta “popularización” como respuesta al gusto de la carne por las cosas del mundo?
Lo que necesitamos es al Espíritu Santo, y lo que tenemos que preguntarnos, es: ¿soy instrumento en las manos de Dios? ¿Quién me está tocando? ¿Cuál es el propósito de mi alabanza, agradar a la congregación, la que me compensará con elogios y aplausos, o, alabar al que murió por mí?
Elogiamos a supuestos “ministros de alabanza” porque tienen un gran éxito discográfico, porque han vendido miles o quizás millones de copias de sus interpretaciones. Y que, además, después de un “marketing” extraordinario, realizan conciertos a través del mundo llenando lugares de gran afluencia de público.
Muchos de estos autodenominados “músicos cristianos”, están siendo “tocados” por sentimientos carnales, que son abominación a Dios, y pretenden conmover, mediante la sensualidad de su música, a los oyentes, y vemos como la euforia obtenida en sus recitales es confundida con el gozo inefable del Espíritu Santo, provocando en los jóvenes el desprecio por los cánticos tradicionales y la rebelión en contra de sus “anticuados” pastores que se niegan a seguir el curso de la moda.
En lugares oscuros encienden y apagan luces de colores para dar “ambiente”, como Nadab y Abiu, hijos de Aarón (Levítico 10:1), que ofrecieron fuego extraño en el altar de Dios, que es el corazón.
Hay muchas iglesias que se están consumiendo en un fuego que no es de Dios, y por medio de ritmos y melodías “extrañas” logran gran euforia y bullicio en sus reuniones confundiendo tales expresiones con el mover de Dios.
El fuego de Dios no consume a la iglesia, solo a los condenados, “Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, porque causa la zarza no se quema.
El fuego de Dios desciende del cielo, “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:2-3).
El fuego de Dios no es producto del intelecto ni provocado por alguna capacidad humana, es producido por Dios. “Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios” (1ª Reyes 18:24)

Conozco a un pastor cuyo templo fue asaltado en tres ocasiones, la última vez por una turba que, prácticamente, demolió parte de la fachada y saquearon la iglesia, esto debido a que el lugar donde él vive esta infestado de delincuentes y drogadictos; sin embargo, al domingo siguiente estaba con su modesta guitarra y su voz no privilegiada en una esquina, cantando:

“Cantare la maravilla” Nº 205, en nuestro himnario


“Cantaré la maravilla
Que Jesús murió por mí;
Como allá en el Calvario
Dio su sangre carmesí

Cantaré la bella historia
De Jesús mi Salvador
Y con santos en la gloria
A Jesús daré loor”



No había público que aplaudiera, no hay nadie que compre su música, sin embargo, los millones de ángeles que escuchan su alabanza y los cielos mismos son estremecidos por ese instrumento (el pastor) que suena a los acordes del Espíritu Santo.
Los seudo “cantantes cristianos”, conmueven a 100.000 personas en un estadio, este modesto pastor conmovió los cielos. ¿Tocará y cantará alguien con más excelencia que éste?
Y esta “moda” de canciones nuevas contamina, ya que, lamentablemente, aquellas alabanzas que por siglos han sido coreadas en nuestras congregaciones, son desechadas e incluso despreciadas por los jóvenes que son fácil presa del “modernismo”
Estridencia, disonancia, discordancia, desentono, destemplanza, descompostura, se introducen en las alabanzas entonadas por nuestros coros.
Debe entenderse que el “coro” en nuestras congregaciones esta compuesto por los hermanos que tocan instrumentos (instrumentales) y el total de los asistentes al culto, toda vez que, el propósito de la reunión es alabar al que vive para siempre. Y aquellos hermanos que se sientan en un lugar más particular, que “nosotros” denominamos “coro”, solo son los encargados de dirigir la alabanza.
Y recordemos que la asistencia a los servicios espirituales es para que todos los asistentes ofrezcan sacrificios de alabanzas a nuestro Dios y no para ser espectadores de como un pequeño grupo, haciendo gala de sus atributos musicales, nos entretenga y encante nuestro oído. Salmo 84:1 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! 84:2 Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
No se transformen nuestros cultos en un espectáculo donde los “artistas” compiten ante un público (congregación), para demostrar quien lo hace “mejor”. Asista al culto, no para ser un “espectador”, sino para debe ser un “protagonista”.

“Con alegría yo cantaré.
Al redentor, tierno Pastor.
Que en el calvario por mí murió
Sí, sí, por mí murió”
(“Gozo la Santa Palabra leer” Nº 102 /coro, en nuestro himnario)

Cantaré a Cristo sin cesar aquí,
Cantaré lo que El ha hecho para mí;
Mis pecados El llevó,
Mi perdón y paz compró;
Cantaré su dulce nombre siempre, sí”
(“Cantaré a Cristo” Nº 243 /3, en nuestro himnario)

Hoy, gracias a la tecnología, se amplifica la música con equipos electrónicos, y se dan micrófonos personales a aquéllos que cantan “mejor” y que tocan “mejor”, destacando de esta manera a un grupo selecto, constituyéndose estos en “artistas” que ofrecen a la congregación “su” espectáculo, llegando en algunos casos a excluir del coro a aquéllos que no tocan o cantan “muy bien”.
Error que se agrava cuando, para defender esta actitud, se esgrime el argumento: “es que ha Dios se le debe alabar con excelencia”. Vanidad de vanidades, dijo el predicador, todo es vanidad (Eclesiástes 1:2)
Ciertamente, con todas nuestras limitaciones, técnicamente intentaremos hacer lo mejor posible, pero a Dios lo que realmente le interesa es que lo hagamos con júbilo en el corazón, júbilo proveniente del corazón de un redimido por la sangre de Jesucristo.

“Me redimió, mas no con plata,
Me compró el Salvador;
Con oro no; mas con su sangre;
Grande precio de su amor”
(“El oro y la plata” Nº 346 /coro, de nuestro himnario)

¿Es bueno perfeccionarse al cantar, o en tocar un instrumento, y utilizar la tecnología moderna?
Por supuesto que es bueno; pero consideremos el siguiente relato:
Existía al interior de la selva amazónica una fuente de aguas salutíferas, que hacían bien a todos aquéllos que la bebían. Sin embargo, el lugar era de difícil acceso y la roca de la cual fluía el agua era de feo aspecto (Isaías 53:2), razón por la cual, pocos concurrían.
Uno de lo administradores de esta fuente, dijo: porque no “perfeccionar” este lugar, haciéndolo mas “atractivo”. Y con esta finalidad construyó un camino de acceso, una escalinata hasta el lugar donde fluía el agua y “esculpió” hermosamente la roca; estropeando, sin proponérselo, la matriz, de tal manera que no fluyó mas el agua.
El lugar de transformó en un lugar muy concurrido, era “hermoso”; pero ya nadie se “beneficiaba” del vital elemento, cuya fuente fue dañada permanentemente, por querer “arreglar” aquello, que de suyo era magnífico.
Si las alabanzas son fruto de la inspiración divina, siempre serán hermosas, nunca dejarán de ser, y aquéllos que las escuchen serán conmovidos en su espíritu; por esta razón, debemos tener mucho temor y cuidado cuando pensamos en “arreglarlas”.
No dañe la matriz.

¿Se necesitan más músicos? NO, el músico es el Espíritu Santo y nosotros sus instrumentos, lo que necesitamos es ser llenos del Espíritu Santo.
¿Se necesitan Líderes de alabanza, constituyendo para el efecto “Ministros de Alabanzas”? NO, usted es el ministro de alabanzas, y su corazón es el lugar donde deben ofrecerse sacrificios de loor al que vive para siempre, y solo por el Espíritu Santo pueden ofrecerse himnos espirituales, todo lo demás es sensualidad.
¿Se necesitan más canciones de adoración? Siempre habrá hombres que compondrán himnos inspirados por Dios; pero, ¿ha desechado usted el himnario, considera que son alabanzas “anticuadas” que deben ser “renovadas”, “cambiadas” y “transformadas”, para que así le agraden a los que las cantan?
¿Cree usted que a algún intérprete de música clásica se le ocurriría “renovar”, “cambiar” o “transformar”, una composición de Mozart, Beethoven u otro músico de esta categoría, por ser “antigua”?
Por el contrario, cuando los entendidos hablan de esta música clásica, la califican como “inmortal”; ¿si los himnos fueron hechos por inspiración divina, serán temporales, acaso no son de Dios?
En la antigüedad cuando no se conocía la forma de “escribir” la música, para preservarla, los grandes maestros las enseñaban a niños colocando en esta actividad gran diligencia, el motivo, preservar lo que consideraban un “tesoro”. Aún los antiguos profetas crearon las “escuelas de profetas” (2ª Reyes 2:3; 2:5; 2:7; 2:15; 4:1: 4:38), para enseñar las revelaciones entregadas por Dios, cuyo tesoro ha sido preservado aún después de miles de años, bendita “Biblia”, y benditos aquellos varones que diligentemente se preocuparon, inspirados por el Espíritu Santo, de guardar estas palabras.
Cuando recibimos a Dios en nuestro corazón, sentimos la necesidad de tomar las herramientas necesarias para servirle, y los ancianos nos entregaron dos libros, a saber, la Santa Biblia y el himnario.
Algunos piensan que debemos “atraer” a los jóvenes por la música, colocando letras cristianas sobre música de inspiración carnal. Otros ven como esta generación es atraída por los ritmos populares y piensan que se puede por “mecanismos humanos” efectuar la obra del Espíritu Santo.
Para estos efectos utilizamos equipos de amplificación electrónicos y pensamos que el poder está en utilizar volúmenes descomunales, lo que, científicamente esta comprobado, daña la salud física y mental. Incluso hemos llegado a ser una molestia para nuestros vecinos, que se ven agredidos por la bulla.

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