jueves, febrero 25, 2010

Dios no necesita de nada más, Él está completo en sí mismo



… Al final de Romanos 11, donde el apóstol concluye su larga argumentación sobre la salvación por la pura y soberana gracia, pregunta: “Porque, ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a Él primero, para que le sea pagado? (vs. 34,35). La importancia de esto es que es imposible someter al Todopoderoso a obligación alguna hacia la criatura; Dios no sale ganando nada con nosotros. “Si fueres justo, ¿qué le darás a Él? ¿O qué recibirá de tu mano? AL hombre como tú dañará tu impiedad, y al hijo del hombre aprovechará tu justicia” (Job 35:7-8), pero no puede en verdad, afectar a Dios, quien es bendito en sí mismo. “Cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos” (Lc. 17:10), nuestra obediencia no ha aprovechado en absoluto a Dios. Es más, nuestro Señor Jesucristo no añadió nada al ser y a la gloria esenciales de Dios ni por lo que hizo, ni por lo que sufrió. Es verdad, bendita y gloriosa verdad, que nos manifestó la gloria de Dios, pero no añadió nada a Dios. Él mismo lo declara explícitamente y sin apelación posible al decir: “Mi bien a ti no aprovecha” (Salmo 16:2). Todo este salmo es de Cristo. la bondad o justicia de Cristo aprovechó a sus santos en la tierra (Sal 16:3), pero Dios estaba por encima y más allá de todo ello, pues es “el Bendito” (Mr. 14:61).

Fragmento del capítulo I, “La Soledad de Dios”, del libro Los Atributos de Dios, de Arthur Pink

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