miércoles, septiembre 16, 2009

El poder de la afirmación: espíritu de mentira



1 Reyes 22:13 y 14 (porción escogida)
1 Reyes 22:1 - 28 Vs 3. Vemos que hay un espíritu de codicia en Acab, el Rey de Israel. Vs. 4 Josafat, rey de Judá, se compromete con el Rey Acab y pretende ayudarlo en el logro de metas personales de éste. Acab no fue dirigido por Dios a hacer la guerra a los sirios, sino que fue motivado por su ambición. Vs. 5 Sin embargo, Josafat sintió la necesidad de consultar a Dios, pidiéndole su dirección. Vs. 6 Es a partir de ahora cuando vemos en escena un servicio de alabanza y adoración al Señor, donde se pretende buscar el respaldo de Dios a los designios humanos. Es una iglesia entera queriendo escuchar que Dios les diga “Sí, estoy con ustedes”. Acab reunió a unos 400 profetas. Imagino ese momento como una tremenda fiesta “espiritual”,
“buscando el rostro de Dios”. En realidad lo único que quería Acab, es que los profetas confirmaran su propósito de combatir contra los sirios. Los cuatrocientos profetas, en forma unánime confirman al Rey Acab, lo respaldan, lo afirman. Acab escuchó lo que quería escuchar: “SÍ”.

Problemas con el mensaje positivo.
Cuando la iglesia (ministros y oyentes) se disponen a difundir y escuchar mensajes meramente positivos, sin corrección, sin amonestación, la iglesia no crece ni madura, todo lo contrario, se seca y se pudre. Es muy común que la iglesia hoy día no quiera ser confrontada. Cuando el cristiano ora, y busca por motivos personales, para satisfacción de sus anhelos, siempre espera que Dios le diga que sí, y no está dispuesto a escuchar un NO. Entonces surgen inescrupulosos, y algunos incautos que creen que en realidad deben decirle a las congregaciones todo lo que ellos quieran escuchar. Algunos dicen que están para afirmar a las personas, que se sientan bien.
¿Es legítimo afirmar o dar “palmadas en la espalda” a la iglesia?
SI. Hechos 11:20-23. Pero del mismo pasaje extraemos el cuándo debemos afirmar a alguien. La iglesia de
Antioquia vivía un genuino avivamiento y disfrutaba de un momento espiritual maravilloso, ya que “la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.” Era una iglesia que disfrutaba de prosperidad de Dios, la gracia de Dios estaba con ellos y las gentes se convertían. Cuando nuestros hijos mantienen una buena conducta, avanzan en sus estudios y en su formación, tenemos el deber de afirmarlos y decirles “está bien, sigan así y aún mejoren”. Pero cuando esto no es así, no hay fruto espiritual, no hay nuevo nacimiento, el pecado permanece y se expande, hay desidia y pereza en el trabajo espiritual, la palabra que Dios envía es de confrontación. Y es a este mensaje al que muchos le temen. A los que llevan este
mensaje de confrontación, los tildan de exagerados, extremistas, fanáticos o legalistas.

El Mensaje de Confrontación
Acab sabía que había un profeta que le diría otra cosa. Acab dice que Micaías nunca le profetiza bien, sino solamente mal. La palabra bien es tob, y una de las aplicaciones es agradable (también favor, ABUNDANCIA, ÉXITO, PROSPERIDAD, amigablemente, humanamente). La palabra mal es rah, que significa adversidad, aflicción, agravio, calamidad, desastre, desgracia, difícil, doloroso, fastidioso, feo, malestar, pecado, quebrantamiento, triste. O sea, el mensaje de confrontación es desagradable, doloroso, fastidioso, molestoso y calamitoso, pero para el que vive en la carne y sólo quiere escuchar a un dios que le diga que sí a todo.
Cuando el sirviente del Rey Acab fue a buscar a Micaías, trasladado a nuestros tiempos, le diría algo como esto: Micaías, estás invitado a exponer en el Seminario “Guerra contra Siria”. Tú vas a ser el principal expositor. Hay 400 profetas, pero tú vas a cerrar el evento, y todos te están esperando. El centro del seminario es este: Guerra contra Siria, dile que sí al rey Acab.
Pero el mensaje de confrontación dice otra cosa: Lamentablemente, si tu corazón no es recto para con Dios, no te va a ir bien. No esperes bendición, espera juicio. Si no quieres juicio, vuélvete a Dios. No hay otro camino.

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