viernes, agosto 21, 2009

El caso del Padre Maciel y la falta de disciplina





Tratamos de bajarle el perfil, de no ofender, tratamos de suavizar lo más posible las cosas aún cuando son evidentes. Esta no es una conducta justa ante Dios. En Apocalípsis 2:18, Jesucristo reprocha la tolerancia de la iglesia Tiatira con falsas doctrinas que habían entrado por medio de Jezabel y las llama por su nombre, juzgando y diciendo que por no haberse arrepentido, les echará en cama, a ella y a “sus hijos”. Ya que la iglesia no juzgó tal situación, sino que la toleró, quizá con el pretexto de la libertad individual, de no juzgar porque así mismo seremos juzgados, Dios tuvo que intervenir ante la ausencia de disciplina. Cuando no consideramos las cosas en la real dimensión que tienen y las tenemos en poco, nuestro juicio sobre el asunto será equivocado, no será justo, y por lo tanto la disciplina no será efectiva.
Reflexiono a este respecto, a partir de un reportaje que vi hace un par de días, el cual me conmocionó profundamente. En la última edición del programa Informe Especial en TVN, donde se trató acerca del caso del sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la congregación católica “Los Legionarios de Cristo”, quien ha sido acusado de abusos sexuales contra menores y consumo de drogas. Dentro de todos los testimonios que se recopilaron, contó la opinión de don Francisco Javier Errázuriz, Cardenal y Arzobispo de Santiago, quien dijo del sacerdote Maciel : "Según algunos médicos, el Padre Maciel tenía dos personalidades, no solamente es un tema de doble vida. En un momento era el fundador y en otro era un pobre hombre". Mi pregunta es: a qué se refiere exactamente con la expresión “pobre hombre”. Puede significar la condición miserable de todo ser humano por el hecho de ser pecador (Ro. 3:23) Yo tengo claro que sin Dios todos somos pobres, miserables, desnudos, desventurados, ciegos, capaces de las peores fechorías imaginables. Como dijo el Pastor Paul Washer, si no fuera por la Gracia de Dios que nos retiene, haríamos cosas horribles, tanto que Hitler parecería un monaguillo al lado nuestro. El corazón está lleno de inmundicia, es asiento y origen de los malos pensamientos, homicidios, adulterio, robos, etc. (estas son palabras de Jesús).
Pero el común sentido que se le da a la expresión “pobre hombre”, cuando la escuchamos, es la figura de un indigente, de una persona digna de lástima. En este mismo instante, me imagino acariciando en la cabeza a un pobre hombre. Sin embargo, esta figura de pobre hombre, nos impide creer que un pobre hombre merezca retribución, pago, disciplina. Por esa consideración antibíblica, quizás la Iglesia Católica fue muy suave en su sentencia contra el Sacerdote Maciel.
Cuando el Apóstol Pablo se enteró de que un miembro de la iglesia en Corinto, mantenía una relación amorosa con su madrastra, lo juzgó severamente y determinó entregarlo a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que su espíritu fuera salvo en el día del Señor Jesús (1 Corintios 5: 1-6).
Qué pequeño es este que mantuvo una relación con su madrastra frente a alguien que abusó de muchos adolescentes en formación, cuando la identidad sexual no está claramente definida. Qué daño causó en tantos jovencitos.
A la luz de la Palabra de Dios, podemos juzgar y decir que la conducta de Marcial Maciel es producto de una vida en la carne, fuera de la voluntad de Dios, un hombre preso de sus propias pasiones, sin ser capaz de controlarlas. Jesús en Juan 8:34 dijo: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.”
Un esclavo no tiene potestad sobre sí mismo, sino que es controlado por su amo, en este caso el pecado.
Esa es la condición de todo ser humano que no ha aceptado a Cristo, que no ha aceptado su amor, su guía, y que no se ha sometido a Dios. Santiago 4:7 dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo y huirá de vosotros.” Si no estamos sometidos a Dios, ¿qué será de nosotros? Pues estamos a merced de Satanás.

Por

Fernando García Olmedo





viernes, agosto 14, 2009

¿En qué estás pensando?

Colosenses 3:1-4.
1. Si, pues, habéis RESUCITADO CON CRISTO, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2. PONED LA MIRA EN LAS COSAS DE ARRIBA, no en las de la tierra. 3. Porque HABEIS MUERTO, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
El Apóstol Pablo nos dice que hemos muerto, y si hemos resucitado con Cristo, entonces nuestros mirada debe haber cambiado, nuestros ojos son otros.
La prueba de que realmente no has muerto para el pecado, y menos has resucitado con Cristo, es que tus ojos siguen puestos en las cosas terrenales. Esta frase “poned la mira”, es la palabra griega froneo y significa ejercitar la mente, estar dispuesto mentalmente, intensivamente interesado en una cosa. Más que mirar, entonces es pensar con perseverancia e insistencia. La pregunta es: ¿en qué estás pensando? Ten cuidado que mañana te vas a encontrar con alguien que te va a ofrecer lo que tú estás soñando, lo que ocupa tu mente. ¿Qué es lo que ocupa tu mente?
Hoy se han levantado profetas en gran número, levantan iglesias o Centros de Entrenamiento, en calle Sucre hay uno llamado “Casa de Éxito” y personas como éstas dicen: La iglesia está aprendiendo que ya no debemos estar pensando en el cielo, sino en nuestra vida ahora, hacen charlas de superación personal, escriben libros de autoayuda. Estos son los que recubren las paredes con lodo suelto, en Ez. 13:10 y ss. y Ez. 22:28 (del hebreo tofel, quiere decir untar (estropear); yeso (como gomoso) o lodo; en sentido figurado, frivolidad: - cosas tontas, desagradables). Me encontré con un video de una entrevista en un canal secular a un pastor argentino, que se llama Bernardo Stamateas, quien dijo lo siguiente: “debemos volver a creer en Dios y en nosotros fundamentalmente” (habla de la autoestima, el quererse a uno mismo, a este respecto, la Biblia nos manda a amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos, pero nos advierte que el ser amadores de sí mismos es una conducta pecaminosa 2 Ti 3), y sigue: “antes se pensaba que la iglesia preparaba a la gente para el cielo, para el más allá, y nos dimos cuenta que la iglesia está para preparar para el más acá, para la tierra (¿?). Que nuestro mensaje no es celestial, no es para el futuro, es para el hoy (¿?), y que la voluntad de Dios es que cada persona sea feliz y pueda alcanzar sus sueños(¿?)”. Frente a éste último punto, la Palabra de Dios nos aclara para qué fuimos creados: Ef 2:10; Ef. 1:11-12; Fil 1:11
Vuelvo a preguntar: ¿en qué estás pensando? Realmente morimos para el mundo y resucitamos para Dios? Esto no son palabras bonitas, es una realidad espiritual.
Quizás hoy te des cuenta que lo único diferente que tienes con los jóvenes mundanos, es que vas a una iglesia, y que lo que ellos le piden a la virgen, a un adivino o confían en sí mismos, tú se lo estás pidiendo a Dios. Pero si sacas al destinatario de tus peticiones y a los de ellos, vas a ver que eres igual que el mundo, estás pensando en lo mismo. El Señor Jesús dijo en Lc. 12:29-31Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. 30. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.31. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
Buscad tener éxito en la vida, buscad ser excelentes profesionales… ¿no? ¿Qué tiene de malo tener sueños, metas, anhelos personales? Cuando estas cosas terrenales ocupan el primer lugar en tu mente, y sin darte cuenta, vas aislando a Cristo de tu corazón. ¿Dónde tienes puesta tu mente?, ¿cuáles son tus intereses mayores?
¿Bueno, y entonces qué son las cosas de arriba? Lc. 12:35-37 Colosenses 3:1, dice que debemos mirar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado. Ef. 1:3-5. Bueno, se supone que si somos cristianos, según Gálatas 2:20, hemos muerto para el mundo, pero hemos sido resucitados para vivir nuestra vida en Cristo y decimos, ¡ya no vivo yo!!!, ¡Cristo vive en mi!!!… se supone.
Revisémonos, examinémonos a nosotros mismos. Veamos cuáles son nuestras metas, cuáles son nuestros deseos más íntimos ¿riqueza, fama, prosperidad, éxito, bienestar, estabilidad económica, lujo, placer? Esto nos dará una clara señal de si hemos nacido de nuevo o si seguimos viviendo en la carne y para la carne.